
Si nos remitimos a la zona central del Neuquén andino, hay un elemento natural que es símbolo del lugar sin buscarlo. Testigo de millones de años de cambios atmosféricos y geográficos, el pehuén o araucaria es un árbol único.
De lejos no sabemos si es un pino o un arbusto. Parece mullido y amigable. Pero al acercarse uno descubre una integridad extraña: una mezcla entre dureza y armonía, entre firmeza, estoicidad y flexibilidad. Una entidad que parece poder resistir cualquier embate de la naturaleza y, al mismo tiempo ser extremadamente frágil frente a los cambios climáticos.
La zona de extensión y distribución del pehuén depende de un delicado equilibrio de temperatura y humedad. Sus bosques se extienden naturalmente desde Copahue hasta las márgenes del lago Huechulafquen: unos 200 km lineales de norte a sur y aproximadamente 70 km de este a oeste en la zona argentina.
El bosque protagonista del paisaje
Quien se haya aventurado en el gélido valle del Hualcupén —portal natural hacia el lago Caviahue— puede atestiguar, sin lugar a dudas, el protagonismo que brindan las araucarias.
Y no se trata solo de que allí puedan verse, sino que conforman el único bosque del área. A excepción de algún ñire o lenga que pueda encontrarse en las estribaciones del volcán, el pehuén es testigo y único actor natural del área.
Su importancia no es solo paisajística: la dieta de los primeros habitantes del lugar dependía en gran medida de su piñón, con el cual se producía harina y otros derivados fundamentales para la supervivencia en estas extensiones hostiles de la Patagonia.
El área que ocupa el pehuén coincide también con los resabios australes de la trashumancia: comunidades rurales que aún en pleno siglo XXI continúan viviendo una existencia dividida entre la veranada y la invernada. Un ciclo vital determinado por el clima y el ambiente, no por el reloj.
La identidad de un corredor natural
Trashumancia y araucaria constituyen el alma identitaria del Neuquén andino central.
Un corredor que, extendiéndose desde las aguas termales sulfurosas del volcán Copahue, transita las comunidades mapuches del cajón del Hualcupén, se interna en la Ruta Provincial 23 —respirando muy cerca de Chile— y da la bienvenida al primero de los grandes lagos de la Patagonia. Finalmente, culmina su recorrido con el majestuoso cono del volcán Lanín como frutilla del postre.
Es la transición entre las áridas latitudes trashumantes del Norte Neuquino y la belleza “perfecta” de los Siete Lagos del sur neuquino.
Hasta allí, la idealidad. Pero en la práctica, ¿es así?
¿Trabajan en conjunto las comunidades de Caviahue, Loncopué, Las Lajas, Villa Pehuenia, Aluminé y el Parque Nacional Lanín?
¿Existe una narrativa promovida desde el ente de turismo provincial para fomentar la circulación turística en este corredor?
¿Existe un sistema de cartelería que al arribar a Zapala, zona central de acceso a dicha subregión, comunique el corredor con los atractivos y servicios disponibles?
Cuando el visitante debe crear su propio camino
Lo cierto es que, si bien puede existir voluntad desde el organismo provincial de turismo para promocionar la Ruta del Pehuén, en la práctica esto no se evidencia.
Al transitar estas rutas, el visitante siente que debe hacer su propio camino. Más vale que sepa hacia dónde va y por qué.
Al llegar a Zapala, solo encontrará carteles de Vialidad Nacional indicando destinos puntuales, pero no existe cartelería específica de los corredores turísticos.
Ni hablar de Chos Malal, que —a pesar de encontrarse sobre la Ruta 40— no cuenta siquiera con el cartel indicador de Vialidad que debería indicar que se debe atravesar la pequeña ciudad de Las Lajas para dirigirse al norte.
De las disociaciones entre el Norte Neuquino y el resto de la provincia —y entre Mendoza y Neuquén— hablaremos en otro artículo. Es uno de los grandes pendientes del turismo regional.
La importancia de la cartelería en la experiencia turística
Imaginemos que al arribar a Neuquén, ya sea por tierra o por aire, nos recibe una cartelería que, de un solo vistazo, nos muestra la identidad natural de su región: los géiseres y la trashumancia al norte, Vaca Muerta y el petróleo al noreste, el Pehuén al oeste, los lagos al sur y la estepa paleontológica al centro.
Cada uno de ellos con una paleta de colores que luego se vería en la cartelería vial y turística. En cada gran intersección —Arroyito, Zapala, Collón Curá, Las Lajas—, un conjunto de carteles que, con apoyo de la tipografía, el tamaño y el color, dejara en claro hacia dónde dirigirnos, por qué y en cuánto tiempo llegar.
Eso es posible y es parte de nuestro trabajo en Aware: poder consolidar y anclar la experiencia turística dentro de los planes de desarrollo a nivel local y regional. A través de acciones de gobierno sencillas y claras, la experiencia del visitante puede elevarse en calidad y en coherencia con el medio que lo rodea.
Si te interesa saber más de esto, escribinos por WhatsApp para que charlemos sobre cómo nuestro servicio de Desarrollo Turístico puede aplicarse a tu destino.